viernes, 26 de junio de 2009

Poesía...


I

Si tan solo pudiera, correría hacia ti, y te pediría dulcemente, “no me dejes ir”, y lo deseo, lo anhelo, lo pido al par en que la sangre hierve en mis venas parafraseando tu nombre a la mitad de la nada, bajo el árbol que nombras y que reverdece, bajo la nube que protege el bello mármol de esta noche y las hermosas fuentes prístinas de el día que no veo que estés conmigo, pero se que existes, por que al abrir tus ojos, creas el sol, creas la luz, creas la vida que respira por ti, que vive por ti, como lo hago yo, amada mía, en mi sutil, libre, apasionado y loco amor que profeso a tu singular belleza, a tu alma primaveral y a la pureza de tu corazón, cual manzana que tentaría a cualquier Adán en un pasaje bíblico reescrito, y yo quiero ser ese Adán para ti, y tu serás mi Eva… se te que existes, por que al hablar tu, el río suena, las aves cantan sus melodías en las copas de los árboles alegrando con su música el día de todos los mortales, con lo que trasmites vida, y cuando anochece, das descanso a la luna dirigiendo el arrullo de los grillos y la guiando a las luciérnagas que conducen a las almas perdidas al descanso eterno en medio de un misticismo sereno transmitiendo paz y tranquilidad con el solo escuchar el milagro de tu voz, con la monarquía de tu voz, que habla con el viento, que embellece el sonido de las cascadas, al rescate de las aguas que anuncian la llegada de su salvación… alba prístina que proteges al mundo… Si pudiera demostrarte lo que yo siento por ti, me sumergiría en tu cuerpo, en tu mente, en el paraíso que significa tu figura, la luz de tus cabellos que no se calma nunca, tempestad perpetua que clama la paz de un puerto tranquilo y el descanso de un naufragio sin auxilio que conteste a su llamado, la sombra de mi tacto paseando sobre tu garganta, sobre tu vientre donde amanece la vida, donde amanece como el mar que se enciende cuando toca la fuente y el principio de la aurora… tus tobillos, puentes del verano, tus muslos nocturnos que se hunden en la música que da la bienvenida a la noche, tu pecho que se alza y arrasa las espumas del mar de excitación y sudor que te recorre, un cuello, solo un cuello, tus manos, tan solo tus manos desnudas y unas palabras lentas que descienden como arena caída en otra arena, esto que se me escapa, agua y delicia oscura, mar naciendo o muriendo, huracán desatando su furia en las tranquilas arenas de tu playa que espera, estos labios y dientes, estos ojos hambrientos me desnudan de mi y su furiosa gracia me levanta hasta los quietos cielos donde vibra el instante, el momento, y al estar tan cerca y tan lejos, me consume la ansiedad en la cima de los besos, en la plenitud del mundo y de sus formas, el cielo y sus caprichos, sus penas, y mis penas, mis tristezas, mi melancolía de soñar, pedir y anhelar vida mía que mi corazón no te ame mas, aunque se que cada noche, estarás conmigo con mis voces, con mi vida eterna que nos une con el cerrar de estos ventanales del alma que escapan como las almas que acompañan los ángeles en el ultimo suspiro de nuestra ausencia…

II

Lunes en la tarde… frío invierno, un día como otro, cualquiera de esta vida miserable de latentes ausencias que claman voces de un ayer que no deja pensar en ti, el sol tan particular sin una pizca de calor que encienda las almas frías que viajan por la calle con ese temblar [1]de manos que parece no finalizar, recordando este dolor de verte tan lejos de este cuerpo mancillado por esta ausencia que clama por ti, de esta alma blanca y angelical tan distante que necesita este corazón para poder vivir, sin embargo, así tiene que ser, el amor es ciego, la justicia es ciega, la distancia es ciega… Lunes, mis ojos se nublan en visiones taciturnas que merodean en las hojas de los árboles tiradas en el suelo como recuerdo de un otoño que se ha ido, en el cielo, las nubes parecen morir junto con el día, y una flor solitaria recuerda la finura de tu rostro, los pétalos tan finos, tan naturales, sin maquillaje alguno que envilezca y exagere la belleza innata con la que nacen, ese olor, sin usar perfume artificial alguno mas que el natural que Dios en su infinito amor y misericordia regalo en la creación a estas plantas que embellecen la vida de los parques y jardines que abundan en la sutileza y gentileza de la gente, tal y como tu lo haz hecho en mi, haz embebecido mi existencia con tu belleza tan natural, con tu olor a rosas que recuerda el jardín mas hermosos del edén, y tu finura singular que evoca a las musas griegas que llenan la historia y las artes de la vida tal y como tu lo haz hecho con la mía, me haz devuelto la luz al rostro, la luz y el fuego a mi corazón, haz desequilibrado y vuelto a equilibrar mi cerebro y mi mente como un rompecabezas, haz devuelto en mi la ilusión y la alusión de la existencia del amor en cada uno de nosotros, en nuestro carácter de ser humanos llenos de sentimientos y anhelos de encontrar el par perfecto en cada persona del sexo opuesto que sabemos y sentimos, esta allá afuera, pero no tenemos la certeza de que exista, pero en el fondo del corazón sabemos que existe, y solo eso basta para llenar de alegría el ser que esta lleno de amor, y yo se que existe por que existes, y eso me basta para ser feliz, para calentar este corazón frío que vive en pleno invierno y en pleno ocaso de este día que finalizara en cualquier momento y que traerá consigo el cobijo de estrellas que iluminaran mi camino como tu lo haz hecho, haz iluminado mi corazón, mis ojos, mi mente, todo mi ser con esa chispa de vida que significa tu existencia, tu esencia, todo tu ser…pero ha caído la noche, tu imagen se desvanece en el frío aire de esta ausencia humana que también significas para mi, y en los ventanales de mi alma llueve por saber que no estas junto a mi, solo sombras acompañan esta felicidad pasajera que se ahoga con el avanzar de las horas y con esta luna que acompaña mi caminar a casa, pero te agradezco a Dios, te agradezco por ser tu, agradezco a tus padres, a los cuentos solitarios de amor que llenan la biblioteca del alma en donde solo yo se te, agradezco a la muerte que no te ha visto, y te agradezco a ti por encender de nueva cuenta el deseo de esa sensación, esa persona ese ser perfecto que todo mundo busca para llenar su vida, y deseo con todas mis fuerzas que así sea, aunque el tiempo pase, aunque la vida pase, solo espero que ese deseo se convierta en esa realidad que todos buscamos en algún momento de nuestras vidas, y que yo imagino en este lunes que ha fallecido con la luz de la luna que acompañará el sueño, en que velara tu sueño, en que te dará descanso en esta noche en que se te solo mía, aunque solo sea un sueño…

III

Se acerca la media noche de este lunes, la luna, en el mismo lugar de siempre, y el cobijo de este manto estelar que cubre las vidas de la gente que a esta hora duerme intentando recrear las epopeyas diarias que anhelan hacer realidad, y yo, intento dormir para soñarte, para tenerte entre mis brazos, amarnos en un viaje mental cual historia de telenovela de amor con el típico final feliz que mas que alegría causa gracia a cualquier descorazonado buscando un pedazo de alma parra ganarse el cielo; pero una tormenta inunda mis ojos, el saber que solo la sombra de tu esencia me acompaña, y deseo entrar en tus sueños, y compartir contigo la tibia sensación de nuestro abrazo, de nuestros besos, tomarte de la mano a la sombra del árbol que nombras sin decir nada, solo con tu mirada pones nombre a las nubes, al aire, al cielo, a la fina mañana de invierno que con la luz de tus ojos nombras al sol, iluminando el día, hasta volvernos quieta la mirada y encontramos tu y yo el amor iluminado y culminado en un beso que dura toda la eternidad en segundos; y abro los ojos, y un montón de libros, imágenes religiosas y una que otro peluche que adorna mi cama, que llena tu ausencia, que alegra la tristeza de este vacío de ti, que se te fuera de esta esfera de amor en que aún no sabes que existe, y si lo sabes, lo ignoras, aun no lo sabes de cierto, lo supones, y cierro los ojos nuevamente y te presiento, te siento con la tibia sensación de un abrazo de despedida donde ambos sabemos que la ausencia es solo pasajera, y yo, en el fondo, quisiera que el abrazo fuera eterno, y te busca mi boca enamorada, trata de robar ese tesoro que guardas celosamente entre tus labios y yo quiero robarlo, escapar con el, escapar contigo, escapar con toda tu, volar por las nubes y perdernos en el horizonte, lejos de cualquier poltronería mundana que inunda el universo sin amor donde no se podría concebir la idea de un Dios que llene los corazones de los enamorados, y abro los ojos, no puedo dormir, tu imagen en mi mente, en mis ojos, en todo mi ser inundan completamente el sueño que pretendo conseguir, pero te persigue mi noche sin nostalgias, mi luna viajera y enamorada que vigila tus sueños, que vigila tu alma, tu ser, tu corazón y agradezco a la luna que vigile esa blancura y pureza que significas parra el eterno necesitarte de mi alma.


El Ramo Azul...



Desperté, cubierto de sudor. Del piso de ladrillos rojos, recién regados, subía un vapor caliente. Una mariposa de alas grisáceas revoloteaba encandilada alrededor del foco amarillento. Salté de la hamaca y descalzo atravesé el cuarto, cuidando no pisar algún alacrán salido de su escondrijo a tomar el fresco. Me acerqué al ventanillo y aspiré el aire del campo. Se oía la respiración de la noche, enorme, femenina. Regresé al centro de la habitación, vacié el agua de la jarra en la palangana de peltre y humedecí la toalla. Me froté el torso y las piernas con el trapo empapado, me sequé un poco y, tras de cerciorarme que ningún bicho estaba escondido entre los pliegues de mi ropa, me vestí y calcé. Bajé saltando la escalera pintada de verde. En la puerta del mesón tropecé con el dueño, sujeto tuerto y reticente. Sentado en una sillita de tule, fumaba con el ojo entrecerrado. Con voz ronca me preguntó:

-¿Dónde va señor?

-A dar una vuelta. Hace mucho calor.

-Hum, todo está ya cerrado. Y no hay alumbrado aquí. Más le valiera quedarse.

Alcé los hombros, musité “ahora vuelvo” y me metí en lo oscuro. Al principio no veía nada. Caminé a tientas por la calle empedrada. Encendí un cigarrillo. De pronto salió la luna de una nube negra, iluminando un muro blanco, desmoronado a trechos. Me detuve, ciego ante tanta blancura. Sopló un poco de viento. Respiré el aire de los tamarindos. Vibraba la noche, llena de hojas e insectos. Los grillos vivaqueaban entre las hierbas altas. Alcé la cara: arriba también habían establecido campamento las estrellas. Pensé que el universo era un vasto sistema de señales, una conversación entre seres inmensos. Mis actos, el serrucho del grillo, el parpadeo de la estrella, no eran sino pausas y sílabas, frases dispersas de aquel diálogo. ¿Cuál sería esa palabra de la cual yo era una sílaba? ¿Quién dice esa palabra y a quién se la dice? Tiré el cigarrillo sobre la banqueta. Al caer, describió una curva luminosa, arrojando breves chispas, como un cometa minúsculo.

Caminé largo rato, despacio. Me sentía libre, seguro entre los labios que en ese momento me pronunciaban con tanta felicidad. La noche era un jardín de ojos. Al cruzar la calle, sentí que alguien se desprendía de una puerta. Me volví, pero no acerté a distinguir nada. Apreté el paso. Unos instantes percibí unos huaraches sobre las piedras calientes. No quise volverme, aunque sentía que la sombra se acercaba cada vez más. Intenté correr. No pude. Me detuve en seco, bruscamente. Antes de que pudiese defenderme, sentí la punta de un cuchillo en mi espalda y una voz dulce:

-No se mueva , señor, o se lo entierro.

Sin volver la cara pregunte:

-¿Qué quieres?

-Sus ojos señor –contestó la voz suave, casi apenada.

-¿Mis ojos? ¿Para qué te servirán mis ojos? Mira, aquí tengo un poco de dinero. No es mucho, pero es algo. Te daré todo lo que tengo, si me dejas. No vayas a matarme.

-No tenga miedo señor. No lo mataré. Nada más voy a sacarle los ojos.

-Pero, ¿para qué quieres mis ojos?

-Es un capricho de mi novia. Quiere un ramito de ojos azules y por aquí hay pocos que los tengan.

-Mis ojos no te sirven. No son azules, sino amarillos.

-Ay, señor no quiera engañarme. Bien sé que los tiene azules.

-No se le sacan a un cristiano los ojos así. Te daré otra cosa.

-No se haga el remilgoso, me dijo con dureza. Dé la vuelta.

Me volví. Era pequeño y frágil. El sombrero de palma la cubría medio rostro. Sostenía con el brazo derecho un machete de campo, que brillaba con la luz de la luna.

-Alúmbrese la cara.

Encendí y me acerqué la llama al rostro. El resplandor me hizo entrecerrar los ojos. El apartó mis párpados con mano firme. No podía ver bien. Se alzó sobre las puntas de los pies y me contempló intensamente.

La llama me quemaba los dedos. La arrojé. Permaneció un instante silencioso.

-¿Ya te convenciste? No los tengo azules.

-¡Ah, qué mañoso es usted! –respondió- A ver, encienda otra vez.

Froté otro fósforo y lo acerqué a mis ojos. Tirándome de la manga, me ordenó.

-Arrodíllese.

Mi hinqué. Con una mano me cogió por los cabellos, echándome la cabeza hacia atrás. Se inclinó sobre mí, curioso y tenso, mientras el machete descendía lentamente hasta rozar mis párpados. Cerré los ojos.

-Ábralos bien –ordenó.

Abrí los ojos. La llamita me quemaba las pestañas. Me soltó de improviso.

-Pues no son azules, señor. Dispense.

Y despareció. Me acodé junto al muro, con la cabeza entre las manos. Luego me incorporé. A tropezones, cayendo y levantándome, corrí durante una hora por el pueblo desierto. Cuando llegué a la plaza, vi al dueño del mesón, sentado aún frente a la puerta.

Entré sin decir palabra.

Al día siguiente huí de aquel pueblo.



jueves, 25 de junio de 2009

Tu cuerpo está a mi lado...


Tu cuerpo está a mi lado
fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo enamorado.
Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios.
Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos.

Me tienes en tus manos...



Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo,
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.

martes, 16 de junio de 2009

mE dOy cUeNtA dE kE mE fAlTaS...

Me doy cuenta de que me faltas
y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
pero todo es inútil.
Cuando me quedo solo
me quedo más solo
solo por todas partes y por ti y por mí.
No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando.
Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.
Puedes empezar a leer esto
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.
Cierra estas palabras como un círculo,
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.
Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado de mis huesos,
todo es pesadumbre.


jueves, 11 de junio de 2009

mE fAlTaS pArA vIvIr...



Me faltas para vivir

Y que hago

Donde te encuentro

Donde encierro el nudo

En mi garganta

A quien le doy los besos de reserva

Y mis noches guardadas

A quien le digo te amo?

A quien le entrego mi vida entera?

A quien le doy mis abrazos?

Con quien encuentro

Lo que eres tú

Con quien vivo mi vida?

Como, como le hago para vivir sin ti?

Y que le hago a la luz

Que tengo en mis ojos

En que poesía te encuentro?

En que letra te busco?

En cual mar me sumerjo

Para hallarte?

En que nube van nuestros sueños

En que pintura se plasma nuestra historia

En cuales de mis sueños estas?

En que callejón te doy lo que soy?

Cuando te veré?

Cual estrella te bajo para conocerte?

Algún día solo algún día…







tOdO nOs AmEnAzA...

Todo nos amenaza:
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide
al que fui
del que seré,
como el machete a la culebra;
la conciencia, la transparencia traspasada,
la mirada ciega de mirarse mirar;
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la hierba,
el agua, la piel;
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,
ni el delirio y su espuma profética,
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.
Más allá de nosotros,
en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.

Afuera la noche respira, se extiende,
llena de grandes hojas calientes,
de espejos que combaten:
frutos, garras, ojos, follajes,
espaldas que relucen,
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,
de tanta vida que se ignora y se entrega:
tú también perteneces a la noche.
Extiéndete, blancura que respira,
late, oh estrella repartida,
copa,
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.









sI pUdIeRa...


Si pudiera amor, yo te daría

El suave calor para tus noches frías,

La calidad humana de mi compañía

Y el renacer prístino de un nuevo día,

Y la esperanza de fortalecer y sanar tus heridas.

Si pudiera amor, te entregaría

Ese sol que se escondía tras la huida

De esa tarde que se convirtió en la noche eterna

Y no salio la luna ni viste estrella alguna.

Si pudiera amor, yo me convertiría

En un aliciente para tus sentimientos

Y borrar toda huella que aun te hiera

Y que sangrar tu corazón hiciera.

Si yo pudiera amor,

Si yo pudiera,

Te reconstruiría con amor tu vida entera

Y me convertiría en sangre para recorrer tus venas

Y quedarme dentro de ti para curar tus penas.










tUs oJoS...


Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima,
silencio que habla,
tempestades sin viento, mar sin olas,
pájaros presos, doradas fieras adormecidas,
topacios impíos como la verdad,
otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro de un árbol y son pájaros todas las hojas,
playa que la mañana encuentra constelada de ojos,
cesta de frutos de fuego,
mentira que alimenta,
espejos de este mundo, puertas del más allá,
pulsación tranquila del mar a mediodía,
absoluto que parpadea,
páramo.



tU tIeNeS...


Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo,
tú lo tienes.
El puño de mi corazón está golpeando, llamando.
Te agradezco a los cuentos,
doy gracias a tu madre y a tu padre,
y a la muerte que no te ha visto.
Te agradezco al aire.
Eres esbelta como el trigo,
frágil como la línea de tu cuerpo.
Nunca he amado a una mujer delgada
pero tú has enamorado mis manos,
ataste mi deseo,
cogiste mis ojos como dos peces.
Por eso estoy a tu puerta, esperando.







martes, 9 de junio de 2009

tE qUiErO...






Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?



lunes, 8 de junio de 2009

qUiSiErA...


Quisiera ser el ángel de la guarda

Que vela tus sueños

A la mitad de la noche;

Quisiera ser el rayo del alba,

Cruzar tu ventana

Y resaltar tu belleza

Y unirla a la prístina mañana.

Quisiera ser esa rosa de tu jardín

Para ser cortado por tus manos

Y ser llevado a ese florero de fantasía

Que adorna la inmensidad

De tus aposentos,

Ese oso de peluche

Junto a tu almohada

Para ser acariciado y glorificado

Con un solo abrazo tuyo;

Ser el último suspiro

Que adorna la oscuridad de tus noches

Antes de caer

En el profundo reino de los sueños

Y llevarte y unirte

Junto a las estrellas

Para adornar el cielo

Con la brillantes de tus ojos.

Quisiera ser un todo, sea lo que sea,

Por ti, sería hasta la muerte misma

Para estar contigo hasta el último momento

Y llevarte conmigo donde el infinito

Pierde ese nombre y empieza la inmortalidad

Compartiendo con Dios, la dicha de tenerte.


Música


qUiErO sEr eN tU vIdA...



Quiero ser en tu vida,
algo más que un instante,
algo más que una sombra y
algo más que un afán.

Quiero ser en ti mismo
una huella imborrable,
un recuerdo constante y
una sola verdad.

Palpitar en tus rezos
con temor a abandono
ser en todo y por todo
complemento de ti.

Una sed infinita
de caricias y besos
pero una costumbre
de estar cerca de mí.

Quiero ser en tu vida
una pena de ausencia
un dolor de distancia y
una eterna amistad.

Algo más que una imagen
y algo más que el ensueño
que venciendo caminos
llega, pasa y... se va.

Ser el llanto en tus ojos
en tus labios la risa
ser igual que en mi vida
has venido a ser tú.